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18 dic 2011

Gracias, mamá, gracias.

¿Sabes? De todo lo que aprendí fue gracias a ti. Sí, mamá, yo  te lo debo TODO.

Gracias por quererme.
Gracias por ayudarme cuando la cuesta era tan alta.
Gracias por defenderme ante los demás.
Gracias por aplaudir orgullosa en mis actuaciones de baile,-  sabiendo que no lo había hecho bien-.
Gracias por ser mi fiel amiga.
Gracias por mimarme demasiado.
Gracias por darme las estrellas que te pedía siempre del cielo.
Gracias por darme algo tan importante en mi vida, mi hermano.
Gracias por tener una sonrisa en mis días tristes.
Gracias por sonreír siempre.
Gracias por darme la vida.
Gracias por mantener mi esperanza en esta sociedad.
Gracias por ser mi ángel de la guarda cuando estoy lejos.
Gracias por enseñarme a ser quién soy.
Gracias por estar siempre orgullosa de mí, aunque me equivoque. 

Pero sobretodo gracias por enseñarme la importancia de los libros y esas palabras que siempre necesito.

Tus palabras son las que me hacen llegar a ese  fin del mundo lejano,
las que me hacen ser única, divertida y buena gente,
las que destruyen todas mis barreras,
y las que me hacen llegar a todas mis metas,
las que hacen que mis  lágrimas se transformen en fortaleza,
las que hacen que una sonrisa se transforme en Felicidad,
las que empiezan recorriendo mi cabeza y terminan en mi corazón.



 Felicidades mamá. Sin ti no sería nada. Sabes que te admiro mucho, que siempre quise ser tú. Felicidades en tu día, en tu cumpleaños, sé feliz. No dejes nunca de hablarme, porque en esta alma de poeta están tus palabras vivas. TE QUIERO.


19-12-62

17 dic 2011

Los Cinco en el recuerdo.

 Querido bisabuelo, tía Cristina, tío Paco, tía Magdalena y tía Mercedes.

A veces, mientras estoy apoyada en mi ventana, veo caer la lluvia como un manto blanco en noches oscuras. Cierro los ojos y miro el pasado. El pasado que nunca  olvidamos. Parece que fue ayer cuando tu, tía Cristina, te presentaste en casa en pleno verano, con tus risas y tu encanto particular. Me recuerdo de aquella “pequeña charla” que tuvimos las dos. Allí en la sombra de aquel árbol –mientras mirábamos fotos y documentación de Él- te hice una pregunta. ¿Te acuerdás? Yo sí. “¿Cómo era mi bisabuelo, tía Cristina?” Sonreíste orgullosa, dejaste de lado la fotografía y con tus manos que vieron al Tiempo envejecer me dijiste :

-          Hija, “Brillante por fuera y por dentro. Pero siempre brillante”.

Sonreí satisfecha, bisabuelo. ¿Sabes por qué? Por que de ti, no me esperaba otra cosa.  Se oían las risas de los más pequeños acompañadas del tchin-tchin de las copas, la alegría de volver a vernos y, de saber que estamos juntos. Pero como siempre pasa, los mejores siempre se van. Hace dos días que te marchaste, tía Cristina. Sé que los  cinco hermanos os habréis encontrado allí en la Plaza España del cielo. Felices después de tanto tiempo, sonrientes. Orgullosos del uno y del otro. Sonreíd al sol, los cinco, es una orden. Sonreíd siempre que podáis así el sol saldrá y, mientras cierro los ojos sé que vosotros me acariciaréis el rostro. No estáis muertos estáis vivos en nuestra conciencia y aquí, sobre nuestros corazones.  El malicioso Tiempo os llevo, pero quiero que sepáis que vuestro recuerdo-el de los cinco-, estará vivo por mucho tiempo.
 Seguiré tirando flores rojas allí dónde estáis. Desaparecidos o no.
 

Y por último, bisabuelo, cuida de ellos, por que ya sabemos que tú eres nuestro ángel.